Costa Rica en el mapa del cibercrimen regional: lo que implica operar en LATAM hoy
Nota sobre IA: herramientas de IA fueron utilizadas durante la realización de este artículo.
América Latina ya no es el patio trasero del cibercrimen global. Es un mercado activo, con actores organizados, infraestructura propia y objetivos cada vez más definidos. Costa Rica no es la excepción. Es parte del ecosistema.
Desde 2022, el país dejó de ser invisible en los reportes de inteligencia internacional. Los ataques al sector público abrieron una brecha de visibilidad que no se ha cerrado. Hoy, lo que ocurre en la región le compete directamente a cualquier empresa mediana que maneja datos de clientes, procesa pagos o depende de sistemas conectados. El informe Latin America and the Caribbean Cybercrime Landscape, publicado por Insikt Group de Recorded Future, documenta un patrón claro: los grupos criminales han profesionalizado su operación en la región. No actúan al azar. Identifican sectores con baja madurez en seguridad, priorizan objetivos con capacidad de pago y reutilizan infraestructura entre campañas. El resultado es un modelo de negocio ilícito con lógica y consistencia. Para una empresa mediana en Costa Rica, esto tiene una implicación directa: el riesgo no depende solo de su tamaño, sino de su visibilidad y su preparación.
Uno de los hallazgos más relevantes del reporte es la proliferación de mercados clandestinos donde se comercializan credenciales robadas, accesos a redes corporativas y datos de identidad de usuarios latinoamericanos. Estas credenciales no se usan de inmediato. Se acumulan, se venden, se reutilizan meses después. Traducido al negocio: una brecha que ocurrió hace seis meses puede materializarse en una interrupción operativa hoy. Muchas organizaciones descubren este tipo de exposición solo cuando el daño ya es visible, una transferencia no autorizada, un proveedor comprometido, un cliente que llama porque sus datos aparecieron en otro lugar.
La respuesta equivocada es reaccionar con tecnología suelta.
Comprar una herramienta sin un programa detrás no cierra la brecha — la desplaza. La respuesta correcta es más difícil y más duradera: construir capacidad interna para identificar la exposición antes de que se convierta en incidente. Eso requiere saber qué activos tiene la organización, quién accede a ellos, qué tan rápido puede detectar algo inusual y qué hace en las primeras horas si algo falla. No es un proyecto de TI. Es una decisión de negocio.
Costa Rica opera en un entorno regional donde la actividad criminal tiene ritmo, método y dirección. Ignorarlo no reduce el riesgo. Entenderlo es el primer paso para administrarlo con criterio.
Tres preguntas para hacerle a su equipo esta semana
1. ¿Sabemos si alguna credencial de nuestra organización ha sido comprometida y está circulando en mercados clandestinos? ¿Tenemos algún mecanismo para saberlo, o dependemos de que alguien nos avise?
2. Si mañana un proveedor clave nos informa que fue atacado y tuvo acceso a nuestros sistemas, ¿cuánto tiempo nos tomaría evaluar el impacto en nuestra operación?
3. ¿Nuestro plan de respuesta a incidentes fue diseñado para nuestra operación actual, o es un documento genérico que nadie ha probado?
En Áncora trabajamos con empresas medianas para construir programas de ciberseguridad que resisten la realidad del entorno regional, o solo las amenazas del papel. Si quiere saber por dónde empezar, escríbanos a contacto@ancoracibernetica.com
Referencia: https://www.recordedfuture.com/research/latin-america-and-the-caribbean-cybercrime-landscape-es